AMIGOS

sábado, noviembre 29, 2008

EL BUEN AMOR

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Queridos hijos:

¿Sabéis donde pasé el día de hoy? Seguro que ya lo imagináis. En ese lugar al que me gusta ir cuando no tengo agobios, ni prisas y busco silencio y paz. Hacía tiempo que no lo paseaba, que no tomaba el sol en sus avenidas y entre sus casas de piedra.Estaba ansiosa por volver allí y no lo había notado. Cuando me senté en un banco pensé: ¿Cómo puede haber tanto silencio con tantos habitantes? La respuesta era que descansaban todos a la vez y yo descansé con ellos pero de otra forma.

Descubrí una casa ideal para mí y vuestro padre. En ella podremos esperaros por tiempo indefinido aunque prefiero que tardéis un poco en llegar. Todavía no la hemos adquirido, estaba ocupada por una familia ilustre, propiedad del barón de Covadonga desde 1927. Sólo me gustó su diseño, sencillo, sencillo, tomé nota del mismo y ya veremos cuando encargaremos su construcción porque de momento con esta crisis, imposible comenzar a edificar. Pero me gustó, me gusto mucho.

Cuando venga Esther quiero enseñársela porque ella fue la primera que me habló de ir buscándola. No porque deseara, ni mucho menos, que abandonásemos ya ésta que es propiedad de la Marina. Su idea era que le gustaría tener otra propiedad nuestra donde un día futuro, cuanto más futuro mejor, nos reuniéramos otra vez todos.

Después, rezando el Rosario, ya sabéis mi manía, me fuí acercando con lentitud hasta la casa de mi padre y madre, saboreando como siempre esos momentos de reencuentro. Como siempre también, dimos ochenta vueltas hasta que la encontramos. Mi sospecha es que la culpa la tiene él ya que no le gusta que vayamos sin avisarle y me da la impresión que intenta esconderse o cambiarse de lugar. Pero como papá y yo tenemos casi su misma cabezonería, más vuestro padre, acabamos dando con ellos. Hacia sol pero con debilidad, la mañana era muy fría y como acostumbro no iba bien abrigada.

Llevába un ramo de margaritas amarillas, sin recordar que a Goyo no le gustan las flores cortadas, dice que duran muy poco. El siempre prefirió verlas en praderas y campos. Esta vez tuvo que contemplar como yo las colocaba para dar un poco de color a su vivienda. Sobre todo por mi madre, vuestra Baita.

¿Entendéis por qué tenía que estar allí hoy? Sí, no soy capaz de celebrar mi cumpleaños si no les hago partícipes de lo contenta que estoy de que me dieran la vida. Y más en aquellos momentos tan crueles para todos los españoles, con hambre, con frío, con peligro constante de ser apresados y perder su propia vida por ser como eran. Quiero que nunca, nunca olvidéis, el mérito de vuestra abuela que ya tenía un hijo cuando empezó aquella herida para España, me tuvo a mí en el peor momento y el día que todo terminó, el mismo día 1 de abril, nació mi hermano Jose Luis. El amor, el buen amor no entiende de guerras ni peleas, no se frena por peligro alguno, es tan ardiente y fructífero que en momentos de máximo riesgo capaz es de seguir trayendo nuevas vidas al mundo. El amor en buenas manos siempre da buenos frutos. Esto es lo que quiero que recordéis siempre. Se puso de moda decir: "Haz el amor y no la guerra", pero yo y mi hermano somos la muestra viviente de que el amor, el buen amor, también se puede hacer en medio de una guerra.

Tenía que estar allí hoy, para darles gracias y llamarles valientes, algo que nunca hice mientras los tuve cerca. Ya sé que ni siquiera puedo tener la certeza de lo que queda en su casa de piedra, pero me daba igual, yo los dejé un día alli y era allí donde quise volver, sin pena, sin llanto. Su felicidad ahora no se ve interumpida por mis protestas, mis rebeldías, también fui rebelde un día, lo justo para la adolescencia. Tenía que estar y estuve para ser testigo y contaros a vosotros que aquel es un lugar de paz al que no hay que tener la menor aprensión.

Termino esta carta diciéndoos que de aquel remanso nos perdimos en la vorágine de un centro comercial. El contraste fue tan drástico que vinieron los malos humores, los nervios y los desacuerdos... Para combatirlos decidí regalarme a mi misma el precioso tigre de la fotografía que encabeza este post. El jefe soltó la carcajada y escapamos del centro, después de abonar mi salvaje capricho por supuesto, a toda velocidad. Mañana que vienen los nietos estoy segura que tendré que defender mis derechos sobre el mismo. Todos los niños que pasaban a mi lado se lo querían llevar. Ayer había muchos niños en el centro comercial. Se lo prestaré, pero en adelante será quien me acompañe en estas noches de pantalla y teclas.
Os quiere, a pesar de que no escribís, vuestra madre
Militos

2 comentarios:

Terly dijo...

¡Hola! entro despacio, sin hacer ruido, con plantas de lana para no turbar tu silencio. Me ha gustado este post tuyo, me ha conmovido y quisiera dejar en la casita de piedra una maceta con unas florecillas (vivas) si a ti no te importa. Estas ciudades silenciosas simpre me conmueven y, con mi mujer, aún no teniendo a nadie en este punto de la geografía española, entramos de vez en cuando a hacerle una visita a sus habitantes.
Me marcho también de puntillas y te dejo un beso.

Militos dijo...

A pesar de no hacer ruído te pillé colocando las flores. gracias por tu delicadeza. Me alegro que a vosotros os guste acudir a este lugar tranquilo y silencioso, de vez en cuando. A mí me da mucha paz.
Un beso