
La bandera de la Escuela Naval Militar gozaba, desde tiempo inmemorial, de un privilegio: siempre estaría bordada por una infanta real.
Como ya ninguna infanta sabe bordar, se pensó, en principio, que no podría ser cambiada por otra con el nuevo escudo. Pero no fue así, los privilegios son caducables, como vemos a diario. Por eso la foto tiene un doble valor para mí. Era el segundo año en que las mujeres podíamos besar la bandera. Con Franco no era costumbre hacerlo. Ésta fue la última bandera con el águila, bordada por una infanta, de la Escuela Naval y la última vez que se besaba. Yo tuve el inmenso honor de dejar en ella mi beso más ardiente.
¡Ese sí es un privilegio que nunca me podrán arrebatar!. Y que nadie me llame facha, soy:
ESPAÑOLA, como la bandera.
Como ya ninguna infanta sabe bordar, se pensó, en principio, que no podría ser cambiada por otra con el nuevo escudo. Pero no fue así, los privilegios son caducables, como vemos a diario. Por eso la foto tiene un doble valor para mí. Era el segundo año en que las mujeres podíamos besar la bandera. Con Franco no era costumbre hacerlo. Ésta fue la última bandera con el águila, bordada por una infanta, de la Escuela Naval y la última vez que se besaba. Yo tuve el inmenso honor de dejar en ella mi beso más ardiente.
¡Ese sí es un privilegio que nunca me podrán arrebatar!. Y que nadie me llame facha, soy:
ESPAÑOLA, como la bandera.